Un Milagro
- Ofelminda Pachón
- 9 jun 2020
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 13 jun 2020
03/12/2013, 8:00 pm. Jamás había sentido tanto miedo. Un ginecocobstetra que no conocía ingresó a la habitación donde luego de 12 horas de trabajo de parto evidencia que no había dilatación cervical y nos dijo a mi esposo y a mí que no iba a dar más espera y que me pasaban a cesárea. Entré a sala de cirugía aterrada; el anestesiólogo me tomo de la mano todo el tiempo, me hablaba y trataba de tranquilizarme. A las 8:40 escucho el llanto más hermoso e inolvidable: había nacido mi bebé. Empiezo a llorar y me piden que me calme, pero Cómo? acaba de ocurrir un milagro, el milagro de la Vida. Me muestran al bebé y le doy su primer beso en su mejilla rosada izquierda; luego del Apgar el pediatra me lo acerca nuevamente y le doy otro beso pero en su chachete derecho y me dice “despídete mamita nos vamos a la UCI”.
Mi hijo es un niño deseado. Luego de 5 años juntos habíamos decidido tener un bebé. Bajé 10 kilos de peso, me puse en forma, inicié la toma de multivitaminicos y esperábamos con ansias quedar en embarazo. El viernes 5 de abril presenté un dolor lumbar punzante y quemante que me obligó a visitar la clínica. Tomaron prueba de embarazo, la cual al ser positiva me condujo a ecografía; en las imágenes no se observaba embrión y concluyeron que debía asistir a las 48 horas para verificar. Efectivamente el domingo asistimos a la toma de exámenes y la betaHCG, hormona del embarazo, había incrementado lo suficiente para confirmarnos que venía un bebé en camino.
La felicidad de la llegada de nuestro hijo no dio espera y dada mi forma de ser a los pocos días todos conocían de mi nuevo estado. Empezamos a soñar con su nombre, con su cuarto y anhelar tenerlo con nosotros. Sin embargo a la semana 20 mi ginecólogo, docente de la universidad, de los mejores especialistas que conocía, notó algo extraño en la fetocardia y me solicitó un ecocardiograma fetal. Con mucha angustia me practiqué el estudio y efectivamente presentaba una arritmia cardiaca y debía asistir a control todos los miércoles para realizarme una ecografía llamada perfil biofísico y revisar la viabilidad del embarazo.
19 miércoles asistimos a la clínica. Cada semana era una incertidumbre, pero siempre fui optimista y sabía que mi hijo iba a salir adelante. Era aterrador escuchar a los ginecólogos decirme que el niño “no está ahogado”, “aún está vivo”, “no tiene Hidrops”, palabras muy fuertes para una madre que además es médica y tenía los nervios de punta. Sin embargo yo me iba siempre del área de medicina materno fetal con la idea que todo eran buenas nuevas, el niño a pesar de su trastorno cardiaco iba creciendo bien y el embarazo siguió su curso. Una semana antes del parto me advirtieron que el niño estaría en la unidad de cuidados intensivos por unos “pocos días”, mientras lo estabilizaban, así que llegado el día de su nacimiento estaba consiente de lo que iba a suceder.
Cuando luego de 39 semanas en mi panza habían extraído a mi bebé a través del procedimiento de cesárea, no fue tan fácil comprender por qué no estaba en mi cuarto junto a mi?. Sentí que me habían quitado una parte de mi vida, de mi ser y no lo comprendía. En la UCI mi hijo era el niño más grande, sin requerimientos de oxígeno, pero con una Frecuencia cardiaca de 220 a 280 latidos por minuto. En la clínica podía estar con él únicamente 2 veces al día, lo cual era muy poco tiempo luego de llevarlo en mi ser las 24 horas del día. Estuvo 12 días en la institución donde nació y no lograron estabilizar su corazón así que fue remitido urgentemente a la Fundación Cardioinfantil.
En la clínica especializada del corazón en menos de 16 horas ya tenían un diagnóstico y el médico pediatra, cardiólogo, electrofisiologo me explicó que el niño había nacido con una arritmia llamada Taquicardia PJRT (persistente, recíproca, de la unión), que debía tomar un medicamento diariamente y que debía ser sometido a un procedimiento quirúrgico a penas su corazón estuviese más grande. Existía la posibilidad de esperar hasta los 5 años si no presentaba alteración importante de su función cardiaca o en caso contrario, debería ser sometido a cirugía de urgencias. Luego de 5 días más mi bebé fue dado de alta. 17 días en la UCI pero al fin íbamos a casa.
Durante 5 años asistimos a controles periódicos con el electrofisiologo; múltiples exámenes fueron practicados, cada uno con mucha inquietud pues no sabía si llegaba pronto el momento de su cirugía. Durante esos años el Niño únicamente presentaba disnea de grandes esfuerzos (se ahogaba al correr mucho). Cuando cumplió 5 años su corazón presentó por primera vez un deterioro significativo en su funcionalidad de manera que se había llegado el momento y debía ser sometido a cirugía. El 2/06/2018 a las 8 am ingresó a salas de cirugía; recuerdo que al despedirnos tenía una frecuencia cardiaca de 188 latidos por minutos, bastante alta para su edad. Luego de 5 horas sale a recuperación y evidencio un nuevo milagro: Frecuencia cardiaca de 110 latidos por minuto. El médico especialista me explica que la cirugía fue exitosa y que continuarán algunos controles de seguimiento.
El nacimiento de mi hijo es para mí divido en dos fechas: su alumbramiento y su procedimiento de ablación. Ambos instantes un Milagro, ambos momentos una eterna gratitud con el Creador y con tan maravillosos médicos especialistas que llegaron a nuestra vida. La medicina es una ciencia increíble y en mi caso le debo la Alegría más grande, la de contar hoy con mi hijo con una evolución satisfactoria y una vida sana.
Los niños son grandes valientes y sé que mi hijo llegó para demostrarme que desde siempre ha sido un guerrero y que la Fe, las ganas de vivir, la medicina avanzada y el amor de mamá son el remedio Perfecto para reparar un corazoncito que solo Dios sabe por qué venía tan apresurado.
Mi Hijo es mi Milagro de vida





bendecido tu hijo que sobrevivió
slds desde Mexico
el don de dar vida
Felicitaciones por tu hijo