Toda una vida
- Ofelminda Pachón
- 17 jun 2020
- 3 Min. de lectura
Hay historias de amor que no son eternas pero merecen ser contadas.
Nos conocimos por azar, muy jóvenes los dos, nacimos en el mismo año, con 6 meses de diferencia. En aquel momento estaba muy de moda el Messenger, de manera que nos comunicábamos por ese medio. Casi un año duramos hablando por esa red social y al fin nos vino una tarde de fin de semana en un centro comercial cerca a mi casa. Tenía unos ojos verdes hermosos, una cara de niño bueno y unas manos muy delicadas. Cenamos y sentimos una química interesante y por lo tanto seguimos en contacto.
Poco después El se graduaba como profesional en Administración de empresas y por tal motivo decidimos salir a cenar. Fuimos a un restaurante muy bonito llamado “Maria Mulata” y departimos felices, hablamos de todo y me encantó su trabajo, su forma de ser y su amabilidad. Aproximadamente al mes se estrenaba una película llamada “Batman el caballero de la noche”, y el 24 de julio fuimos a cine verla; entre Batman y el Guason nos dimos un beso que dio inicio a nuestra relación. Visitas a mi casa, salidas los fines de semana, idas a cine, planes a almorzar o cenar, visitas a heladerías, la época más linda del noviazgo. Los domingos lo acompañaba a jugar fútbol junto con sus amigos, era parte de las animadoras del equipo y de paso aprovechaba para hacer vida social con las novias y esposas de sus compañeros de trabajo.
Hicimos muchos viajes, múltiples destinos y vacaciones maravillosas donde compartimos mucho tiempo juntos y éramos muy felices. Nos encantaba darnos regalos, visitamos muchos restaurantes, íbamos a bailar y tratábamos de hacer que el uno y el otro se sintiera completamente cómodo. Visitamos constantemente la finca donde sembramos plantas, teníamos un perro a quien llamamos “el abuelo”, hacíamos caminatas ecológicas, asados y hasta recogiamos frutas para traer a Bogotá. Asistíamos a muchas festividades en familia: matrimonios, navidades, cumpleaños y demás. Ambos muy orgullosos el uno del otro, siempre muy agradecidos con la vida por habernos conocido. Sus amigos eran mis amigos y viceversa. Teníamos una relación muy bonita, éramos muy unidos, no solo éramos novios, éramos los mejores amigos, éramos Inmensamente felices.
Cuando yo tenía algo importante a nivel personal o laboral él siempre estaba de alguna manera presente y todo salía excelente. Así mismo lo acompañaba en sus asuntos siempre con mucho cariño y comprensión. Vivimos juntos un momento difícil y fue la enfermedad de mi suegra. Una patología catastrófica deterioró su estado de salud y en aproximadamente 8 meses perdió la batalla. De igual modo ocurrieron una serie de eventos no tan favorables asociados que por fortuna nos unieron más y nos permitieron seguir adelante.
Luego de 5 años de relación tomamos la decisión de casarnos, compramos apartamento y dimos un salto al vacío, muy inexpertos, muy jóvenes, sin definir responsabilidades en el hogar, sin contemplar aspectos básicos como la economía, únicamente afianzados e ilusionados en el amor que nos teníamos. Las cosas no fueron fáciles, la convivencia era difícil y más a tan corta edad. Se presentaron problemas y contratiempos, sin embargo jamás dejamos de querernos.
Dos años después llegó la alegría más grande, nuestro hijo, quien vino para darnos una razón poderosa para vivir y para soñar. Durante el embarazo siempre íbamos juntos a los exámenes, a las ecografías, a las citas médicas; decoramos felices la habitación del bebé, compramos su ropa, sus cobijas, todo para que su llegada fuera perfecta. Después del nacimiento del niño intentamos revitalizar nuestra relación, asistimos por meses a terapia de pareja, viajamos solos, hicimos lo imposible por comprender nuestro nuevo rol de padres y mejorar el de esposos, sin embargo los asuntos no discutidos antes de irnos a vivir juntos sopesaron más y desafortunadamente tuvimos que tomar una decisión muy dolorosa: Divorciarnos.
La separación es más complicada cuando las dos personas aun se quieren y en nuestro caso fue uno de los duelos más difíciles de sobrellevar, sin embargo teníamos una personita por quien seguir luchando y salir adelante. A pesar que no pudimos continuar juntos como pareja, comprendimos que como padres siempre íbamos a tener un vínculo y ese amor tan Grande que nos teníamos se trasformó en un lazo de fraternidad y cariño mutuo que hoy en día es expuesto de la manera más transparente a nuestro pequeño, quien tiene la certeza que sus padres fueron muy felices, se amaron mucho y toda una vida van a ser grandes compañeros en su crianza.





porque no se casa. Otra vez?
lindo ese amor
Que lindo cómo escribes
los buenos padres siguen unidos en un cariño de fraternidad